Noticias 2017, Colombia

Coordinando la desconexión

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Sonia Ramiro quedó cautivada por la tranquilidad del Mamey hace 40 años. Desde entonces no ha salido de la villa en ningún momento, “salvo para ir a Santa Marta a comprar comida”. Ramiro es la presidenta de la junta de vecinos del Mamey, parada previa al ascenso a la Ciudad Perdida.
Sonia Ramiro quedó cautivada por la tranquilidad del Mamey hace 40 años. Desde entonces no ha salido de la villa en ningún momento, “salvo para ir a Santa Marta a comprar comida”. Ramiro es la presidenta de la junta de vecinos del Mamey, parada previa al ascenso a la Ciudad Perdida.

Las personas nos organizamos en sociedades burocratizadas que dan pie a luchas de poderes. Los gobiernos rigen el avance de un país desde su capital, fomentando de esta manera una estructura centralista. Ante las decisiones tomadas en despachos de Bogotá, hace falta gente como Sonia, que desde su posición busca colocar a su pueblo en la agenda política. “Me encargo de conectar con los políticos y trasmitirles las necesidades del pueblo, aunque pocas veces tenemos éxito”, confiesa.

Ramiro fue elegida hace dos años como presidenta de la junta por sus propios vecinos. “Para mi es un honor poder representar a mis amigos”, confiesa con una tímida sonrisa. Sonia destaca la importancia de tener una comunidad organizada con una hoja de ruta definida. De todos modos, Ramiro nos advierte de que ella se limita a recoger las quejas de sus vecinos y darles voz: “no lidero ningún proyecto, simplemente lo coordino”.

Salta a la vista el amor que siente Sonia hacia el Mamey, donde vive desde que a los 16 años dejara Barranquilla. Ramiro conoció “el paraíso” gracias a su hermano, que compró una finca en la villa. Sonia tiene claro qué es lo que más le gusta del Mamey: “la tranquilidad, está alejado de la perversidad de las grandes ciudades”.

La familia de Sonia, con un hijo albañil, un taxista y un guía turístico, además de un marido agricultor, se vanagloria de la desconexión que les ofrece el Mamey. Son conscientes de que están aislados del mundo y recuerdan los tiempos de paramilitarismo en el pueblo: “aun con ellos vivimos bien, nunca se metieron con el campesino.

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