Reportajes

Detrás del velo islámico

Samuel Homedes

Mireia Marquez, Mireia Capdevila, Mariona Grau, Laura Serrat

Cada vez son más las mujeres iraníes que protestan en contra del uso obligatorio del velo. La última vez fue el pasado 8 de marzo de 2019, con poca fortuna, cuando 29 de ellas fueron detenidas por quitarse el velo en una vía pública de Teherán. La razón que les llevó a esto: están cansadas de que el gobierno les diga qué deben hacer con su cuerpo. La iniciativa iba vinculada a la campaña Miércoles Blancos, en la que muchas mujeres publican fotografías en Instagram vestidas de blanco y sin velo en señal de protesta.  

Que las mujeres islámicas usen el velo es una costumbre que adoptó la religión musulmana desde la Revolución Islámica para todas las féminas y éstas deben seguirla sin excepción. El Corán, en este ámbito, establece que las mujeres musulmanas deben vestir de manera modesta. Por otro lado, y aunque el Corán no especifica cómo deben practicarse dichas directrices, la mayoría de los sistemas jurídicos islámicos defienden que esta vestimenta modesta debe cubrir todo el cuerpo en público, excepto cara y manos. 

Existen distintos tipos de velo. En primer lugar, es necesario destacar que el término “hiyab” significa “cobertura” o “vestimenta que tape”, así mismo es como los musulmanes se refieren a la norma de cubrir el cuerpo de las mujeres. 

Por lo tanto, podemos señalar que el hiyab no es un tipo de velo, sino una norma que adopta distintas formas en función de la sociopolítica del lugar donde se adopta. También es remarcable, como hemos señalado antes, que ni el Corán ni ninguna otra ley especifica el tipo de velo que la mujer musulmana debe vestir. Por otro lado, el Corán especifica que la mejor manera de que las mujeres sean reconocidas y no molestadas es que “se ciñan a sus velos”. Por esta razón, la religión musulmana considera que es importante que se vista el velo islámico como elemento favorable a la protección y la defensa de la mujer. 

Por otro lado, es necesario destacar que diferenciamos aquellos velos islámicos integrales, que cubren todo el cuerpo, de aquellos que solo cubren la cabeza o el cuello. En este último ámbito se encuentran la Shayla, el Hiyab y la Al-Amira. 

El Al-Amira es un velo que cubre toda la cabeza y el cuello con dos piezas. La primera de ellas se ajusta al contorno de la cara y la segunda sería un pañuelo que recubre la primera pieza. Debido a su dificultad para que se mantenga en su lugar suele ser utilizado por las musulmanas más jóvenes. En segundo lugar, podemos hablar del Hiyab, que si atendemos a la definición que se le otorga en los países occidentales, podemos hablar del pañuelo que cubre el pelo y el cuello, dejando la cara al descubierto. En este caso la mujer tendría libertad para decidir sus colores y dibujos. El último tipo de velo de esta categoría sería la Shayla, un pañuelo largo y rectangular popularizado en la región del golfo. Este se enrolla al cuello y se engancha a la altura de los hombros.

Por otro lado, nos encontrarnos aquellos tipos de velos que cubren todo el cuerpo. En este caso podemos destacar el Burka, el Nekab o el Chador.  El Burka, originario de Afganistán y Pakistán, es uno de los tipos de velos que más polémica ha suscitado en las sociedades occidentales. Se trata de un atuendo azulado que cubre la cara y el cuerpo, dejando una rejilla en los ojos. El Nekab o Niqab proviene de la rama wahhabí del islam, una de las más radicales con arraigo en Arabia Saudí́. Este velo cubre la totalidad de la cara, salvo por una pequeña apertura para los ojos. El último tipo de velo de esta categoría sería el Chador. Es una tela semicircular que la mujer musulmana envuelve desde la cabeza, cubre todo el cuerpo y se sostiene sin ganchos gracias a pliegues desde el cuello, dejando que se vea la cara. Su color habitual es el negro; sin embargo, cuando su uso se limita a la casa o a la mezquita, puede ser más colorido. 

En 1921 el soldado Reza Khan da un golpe de Estado en Irán apoyado por los ingleses, pero no es hasta cuatro años después que es nombrado sha de Persia por la Asamblea Constitucional del país, fundando así la útima dinastía monàrquica: la dinastía Pahlevi. Reza Khan tenía el objetivo modernizar y occidentalizar el país. Con vistas a este fin, sumándole el hecho de que no era un hombre creyente, tomó muchas medidas en contra de los musulmanes; entre ellas, prohibió a las mujeres llevar el chador. Así pues, las mujeres que quisieran llevar el tipo de velo chador solo lo podían hacer en casa.

Esta situación duró hasta 1941, cuando debido a que Reza Khan había manifestado su apoyo al Partido Nacional Socialista Alemán, los ingleses y los rusos entraron a atacar Irán. Ante tal situación quince divisiones del ejercito del sha se rindieron sin oponer resistencia. Esto hizo que los ingleses tuvieran suficiente fuerza para obligar al sha a abdicar y ceder el trono a su hijo Mohammed Reza Pahlevi. Este se mostraba más permisivo y flexible respecto al Islam; dio más espacio a los religiosos y las mujeres podían vestir más libremente. Aún así, con el nuevo sha se perpetuó un régimen dictatorial, e incluso en los últimos años de su reinado se incrementó con algunas de las medidas del sha: la creación de la Savak y el fracaso Revolución Blanca.

El descontento general, tanto nacional como internacional, se incrementaba. En los años 70 las manifestaciones se hacían cada vez más frecuentes y la represión cada vez más brutal, generando un fuerte movimiento revolucionario. Los revolucionarios pedían libertad, democracia, el derrocamiento del sha y la declaración de la república. Para conseguir este fin se unieron personas de todo clase de ideologías: desde chiítas fundamentalistas hasta democratas liberales de corte ilustrado, pasando por comunistas y anarquistas. Finalmente, en 1979 Reza Pahlevi abandona el país debido a las constantes revueltas y presiones contra el sha.

Después de la revolución iraní, los diferentes grupos ideológicos que lucharon contra el sha intentaban establecerse en el poder. Eran tiempos de confusión y caos, momento que aprovecho Iraq para atacar el país. Durante ese período se desató una lucha entre los musulmunes fundamentalistas, los cuáles eran seguidores de Jomenei y querían como representante del país a Beheshti, y los democratas liberales, seguidores del expresidente Mossadegh que querían a Bani Sadr. Finalmente durante los ocho años que duró la guerra con Iraq, la facción religiosa consiguió infiltrarse en las redes del poder como un pulpo. Debido a esto, cuando las aguas se calmaron, se instauró la República Islámica de Irán. Cuando eso sucedió, todos aquellos revolucionarios de otras ideologías que lucharon contra el sha fueron perseguidos, encarcelados y asesinados.

El nuevo régimen teocrático impulsó por ley la obligación de llevar el velo. Sin embargo en los últimos años la situación ha ido progresivamente cambiando; en un principio las mujeres vestían siempre con el chadors y hiyab sin que se les viera ni un solo pelo, pero poco a poco la situación flexibilizando y las mujeres han ido echándose el pelo cada vez más atrás, dejando al descubierto gran parte de su cabellera.  

La forma de vivir la imposición del velo es diferente en cada una de las mujeres iraníes. Hay chicas que se visten con hiyab, otras que se recogen el velo con un lazo y algunas que deciden cubrir su cuerpo con un chador. En los pueblos rurales de Irán se observan pañuelos que esconden toda la melena mientras que en las ciudades se ven más pañuelos a punto de caerse. No solo son distintos los modos de enlazar el velo en el pelo sino también las opiniones de cada una respeto a la obligatoriedad de llevarlo. Las mujeres jóvenes entrevistadas en este reportaje se muestran en contra de la ley arbitraria sobre el velo y afirman que cubrirse el pelo debería ser una decisión individual. Pero también existen formas de pensar contrarias que consideran que el pañuelo es un elemento de protección para la mujer y critican a las personas que se lo quitan en la calle para protestar. 

Fairuza y Roshni son dos chicas que rondan los veinte años y pasean por la ciudad de Shiraz. Tienen una visión crítica sobre la imposición del velo. Se muestras enojadas con las leyes que establecen cuál debe ser la vestimenta femenina. Explican que buscan rincones donde pueden desmelenarse y “sentir un poco de libertad”. Hablan sin complejos de su postura; sin embargo, evitan dar detalles y su mirada muestra cierta incomodidad con la conversación. En la misma línea, Mitra, que trabaja como guía turística y es licenciada en magisterio y literatura francesa, denuncia la arbitrariedad de la ley. “No me gusta el velo, solo lo llevo por obligación del país”, afirma. Cuenta que asiste a fiestas privadas en casas de amigos y allí puede quitarse el pañuelo. Para demostrarlo, enseña fotografías guardadas en su móvil donde muestra su melena castaña y sus piernas con minifaldas. 

“Luchar contra la imposición es demasiado difícil y arriesgado”, afirma Fátima mientras pasea por el bazar de Yazd. Considera que es absurdo definir una forma de vestir igual para todas las mujeres. Tiene la esperanza que, en un futuro, las limitaciones de libertad del país empiecen a abrirse. “Solo un cambio de rumbo político ayudaría a mejorar la situación actual”, apunta Bahar, una chica iraní que vive en Barcelona. Durante su día a día en la ciudad condal, lleva el pelo al aire pero cuando visita su familia en Irán se cubre la cabeza con el pañuelo. Destaca que aproximadamente un 70% de las mujeres se quitarían el velo si este gesto no implicara prisión. Explica que antes de Jomeini las mujeres decidían por sí mismas si llevarlo o no mientras que ahora se trata de una imposición, “eso genera un mayor rechazo al velo islámico”. 

Sin embargo, hay mujeres iraníes que se sienten cómodas con el velo, ya que lo consideran un elemento que forma parte de su identidad. Faeze es una adolescente de 16 años que vive en Shiraz. Utiliza un pañuelo como hiyab y viste con un manto que le cubre el cuerpo. Se siente bien con esta forma de vestir y asegura que sin esta ropa se los hombres la mirarían demasiado y se sentiría incómoda. Considera que el uso del velo islámico debería ser una decisión personal y afirma que llevar el pelo cubierto en contra de la propia voluntad es duro. Expone que en una misma familia puede haber visiones distintas sobre este asunto. “Mi madre y yo tenemos una opinión más favorable a la ley pero mi hermana piensa lo contrario”, explica. 

Existen formas de pensar que coinciden con la obligatoriedad de llevar el velo y consideran que las personas que intentan derogar la ley como enemigas. Zahra tiene 37 años y vive con su familia en Maymand. Nació en Kermán pero al casarse con su marido su mudó al hogar construido dentro de una cueva que él heredó de su familia. Para ella, el velo islámico no es una imposición y remarca que la mayoría de mujeres están a favor de llevarlo. Subraya que las reivindicativas que detuvieron el marzo por quitarse el velo en público “son las enemigas del país”. Espera que el hiyab y los demás velos persistan a lo largo del tiempo. Un hombre que trabaja como guía turístico en Isfahán, Jahan, comparte la misma postura. Se muestra a favor de la imposición del pañuelo como herramienta de protección para las mujeres. Para defender su posición hace una analogía: “el hombre sería como un gato y la mujer como un trozo de carne; si la carne no se protege inevitablemente el gato irá a por ella”. 

La única opción posible ante la imposición del velo es el cambio de legislación. Para ello sería necesario un acuerdo entre los distintos grupos representados en la Asamblea Consultiva Islámica, un hecho difícil de conseguir debido a que la mayoría de la cámara está ocupada por los partidos más conservadores. Según Bahar, con el gobierno actual el cambio no es posible y tal como explica Said, guía turístico de hispanohablantes, sería necesario que cayera el régimen o que muriera el líder supremo de Irán, Alí Jamenei. Said también piensa que si el número de manifestaciones contra la imposición del hiyab sigue creciendo, tal como ocurre desde el pasado diciembre de 2017, finalmente el Gobierno no tendrá más opciones que ceder ante las protestas. 

Siguiendo esta perspectiva, Alí, que trabaja también como guía turístico, añade que el hecho de que las mujeres iraníes lleven el velo cada vez más hacia atrás es una muestra de que la ley acabará cambiando. Para él es solo cuestión de tiempo que “la ley caiga por su propio peso porque es imposible detener el avance de la sociedad”. Una prueba de ello es que cada vez son más las mujeres iraníes que se unen a movimientos feministas que reivindican la libertad de elección, como los llamados ‘miércoles blancos’.

Otra posibilidad, como explica Faeze, es que en lugar de derogar la ley esta cambie en algunos aspectos para así tratar de adaptarse a la realidad social actual. En este sentido, se podría aplicar sólo a la gente local o bien a determinados contextos o provincias, hecho que difícilmente solucionaría la controversia que existe respecto a la obligatoriedad del velo islámico. 

Así pues, habrá que esperar a ver cómo actúa el Gobierno iraní frente a las demandas que las mujeres del país y organizaciones supranacionales como Amnistía Internacional reclaman cada vez con mayor fuerza. ¿Aceptarán reformar la ley los dirigentes actuales o habrá que esperar a un cambio de Gobierno o a la caída del líder supremo?