Encontrarse bajo la lluvia

Estamos atrapados, el caudal ha subido y no podemos cruzar el río. La noche se acerca y entre risas nerviosas comenzamos a pensar dónde nos gustaría estar. Seguramente aquel lugar que añoramos está lejos del río Buritaca, en aquel lugar al que llamamos hogar, ya sea nuestra casa, con nuestros amigos o la familia.

Dicen que la historia es una sucesión de momentos. Y aquí estamos, un año más tarde, bajo la lluvia. Hemos cambiado el Pico Duarte por la Ciudad Perdida y la subida por la espera. Algunos no están y otros siguen estando, pero la estrella tahína siempre estará.

Estamos atrapados, el caudal ha subido y no podemos cruzar el río. La noche se acerca y entre risas nerviosas comenzamos a pensar dónde nos gustaría estar. Seguramente aquel lugar que añoramos está lejos del río Buritaca, en aquel lugar al que llamamos hogar, ya sea nuestra casa, con nuestros amigos o la familia. 

Las horas pasan y la tormenta no cesa. La excelente labor de los guías consigue calmar el nerviosismo de los expedicionarios. Sabemos que no pasará nada, que conseguiremos cruzar el río y llegar al campamento. Pero es imposible no sentir miedo: a la lluvia, al frío o a la fuerte corriente que ruge allá abajo en el río. Dicen que el miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento y allí es donde debemos actuar como grupo. No pasa nada: todos lograremos cruzar.

Los guías comienzan a preparar el cruce. Estamos listos, todas y todos depositamos nuestra confianza en el equipo. Aprovechamos nuestros últimos minutos en el río para sentirnos en armonía con la naturaleza, con la madre tierra, esa que consigue evadirnos de la cultura del envase y el consumo masivo.

Ha llegado el momento de cruzar el río, pasaremos uno a uno. Ya se sabe lo que dicen, solo los peces muertos nadan a favor de la corriente. Podríamos haber optado por unas vacaciones de resort y playa, pero decidimos apostar por reencontrarnos la aventura.


El dolor es temporal, la victoria es para siempre. Lo hemos conseguido, hemos ganado, estamos al otro lado de la orilla, camino al campamento. Hemos llegado todos, como equipo, como una familia. Lo decía Henry Ford y lo recordamos nosotros: reunirse es un comienzo, permanecer juntos es un progreso, trabajar juntos es un éxito. Seguiremos trabajando por la estrella.

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