Aislado de la civilización y sin más normas de las que rigen el ecosistema se encuentra el Oriente ecuatoriano. Una región distinta al resto del país en la que la política, la cultura o la economía no son más que extrañas concepciones que nada tienen que ver con el día a día de la selva.
“La Amazonía es uno de los pocos lugares que todavía hoy resisten a la urbanización, y lo hace con una sonrisa, porque ni las petroleras ni los afanes turísticos podrán entristecer a la cara más alegre del planeta.”