Noticias 2016, República Dominicana

Perdidos en el paraíso

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El tercer día de la expedición ha obligado a madrugar a los aventureros, quienes se han tenido que poner en marcha a las 7:30 de la mañana, después de un buen desayuno en el hotel. Tras dos horas y media de autobús han llegado a Bayahíbe, desde donde se accedía a la preciosa Isla Saona.

 

A su encuentro salen algunos lugareños vendiendo souvenirs como sombreros, toallas, pareos o collares de Larimar. Otros sujetaban animales exóticos como loros, iguanas o curiosos monos verdes. Este era el lugar donde han tenido que coger unas lanchas motoras que les acercarían hasta la isla de destino.

Antes de llegar, sin embargo, se han detenido unos minutos en una de las piscinas naturales situadas en medio del mar, donde los expedicionarios han disfrutado de un buen baño después de navegar bajo un calor asfixiante. Mientras se bañaban, tomaron infinitas fotografías del lugar, de una belleza delumbrante, no tan solo por el color del agua azul turquesa, sino también por el bello contraste entre la selva y el mar que se divisaba a lo lejos. Ya estaban avisados de que el lugar acogía entre sus habitantes varias estrellas marinas, y por suerte, los expedicionarios pudieron encontrar una de color naranja intenso con la que bastantes aventureros se hicieron fotos para inmortalizar un momento único.

Aproximadamente 30 minutos después disfrutando del baño, los expedicionarios subieron de nuevo a la lancha rumbo a Isla Saona, concretamente, a Playa Abanico, un paraje caribeño situado al sur-oeste de la isla. El agua turquesa, la arena de color blanco roto y las palmeras de color verde intenso creaban un entrono idílico.

Tras descargar las mochilas en mesas de picnic, los aventureros han disfrutado de tiempo libre para pasear por la playa, jugar a voleiball, bañarse o tomar el sol. Poco después, sobre las dos de la tarde, han disfrutado de un buffet libre compuesto por un menú variado de pescado, carne y pollo a la brasa, pasta, verdura, arroz y ensalada.

Unas horas más de tiempo libre pusieron fin a la visita a Isla Saona, durante las que los expedicionarios decidieron optar por inmortalizar su visita a la isla haciéndose una foto con la palmera del famoso anuncio de Bacardí de 2012. También se encontraron con unos pequeños niños y niñas dominicanos que vivían en la zona, con quienes se hicieron una fotografía para inmortalizar el momento.

La vuelta a la isla dominicana tuvo lugar en un catamarán exclusivo para los miembros de la expedición, donde contaron con barra libre de bebidas, música caribeña y dos parejas de dominicanos que animaron el ambiente. El baile y la diversión han dominado el trayecto y su ambiente, además de muchas risas.

Tras la excursión, las pieles de los expedicionarios reflejaban los efectos del cálido e intenso sol dominicano que ni la más alta protección ha podido combatir. Mañana toca visitar los Centros Tecnológicos Comunitarios en los que los expedicionarios realizarán diferentes talleres con niños dominicanos.

Puede decirse que el tercer día en la isla ha sido, aparentemente, el más tranquilo hasta la fecha. Aún así, el cansancio ya empieza a notarse, pero las ganas y la emoción del primer día han aumentado y siguen aprovechando todas las oportunidades que este viaje les ofrece.

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