Reportajes 2009, Ecuador

Sabiduría chamánica y plantas medicinales: un regalo de la selva

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Nuestros estudiantes han podido descubrir, en estos días de aventura en la selva amazónica, los secretos mejor guardados sobre plantas y medicinas naturales utilizadas por los chamanes y médicos naturistas desde tiempos inmemorables.

En estos días, los expedicionarios tahinos se han adentrado en la selva amazónica, donde han podido contemplar la extraordinaria fauna y flora que la conforman. No únicamente viven animales en la selva, sino que también existen muchas tribus que, generación tras generación, han ido comprendiendo y adaptándose cada vez más a este entorno que, para la civilización occidental, puede resultar tan inhóspito, peligroso y salvaje.

Durante su estancia en el pulmón verde de la Tierra, los estudiantes, acompañados por sus guías, han visto, tocado y probado decenas de frutas y hierbas diversas que durante tantos años la selva les ha brindado a los kichwas, la tribu local de la zona que los expedicionarios han visitado.

Estas plantas y frutas pueden ser simplemente un aporte calórico necesario para el día a día de los indígenas, pero también pueden resultar ser plantas medicinales que, en cantidad adecuada, curan los problemas de los enfermos.

Evidentemente, la mayor parte de los miembros de un poblado desconocen cuál es el uso concreto de cada planta en diferentes situaciones. Es por eso que en cada tribu existe la figura del Chamán o médico naturista. Esta persona, hombre o mujer, debe haber pasado una preparación previa, donde se incluye una supervivencia de ciertos días solo en medio de la selva, enfrentándose a todas las dificultades y retos que ésta le presenta. Además, debe realizar también ocho días de ayuno completo. El Chamán acostumbra a vivir con toda su familia, y suele estar muy bien considerado entre todos los miembros de la tribu. Si cualquiera solicita los conocimientos de un Chamán, él le ayudará en lo que sea necesario. A cambio, el enfermo recompensará sus servicios con algún regalo que se pueda permitir económicamente. Este obsequio es, más que una remuneración, algo simbólico.

Nuestros Tahinos, gracias a la Expedición Tahina-Can Bancaja, han podido visitar el humilde hogar de un médico naturista, quien vive en armonía, en el corazón de la selva, junto con su esposa, sus hijos y sus nietos.

Al adentrarse a su propiedad, podemos percibir que el Chamán cultiva en los alrededores de su casa una gran cantidad de plantas medicinales, como también otras plantas para su consumo diario. Mientras caminamos, nos topamos con la Caña de Agua, planta útil para el hígado, corazón y riñones. Ésta se pela como una caña, se aplasta y el jugo que se extrae se toma antes de cada comida.

Continuamos andando y nuestro Chamán nos explica que en la selva existen las llamadas Lianas de Boa. Son plantas trepadoras que estrangulan a grandes árboles, matándolos y dejando que se pudran. En el hueco que al final queda en el interior de la liana, dicen los kichwas, viven los espíritus malignos de la selva. Cada vez que alguien se adentra en la selva, estos espíritus le provocan vómitos, diarrea y mareos. Gracias a la Hoja del Diablo o Supay Panda que el Chamán le administra, estos síntomas desaparecen junto con los malos espíritus.

El Chamán reemprende la marcha en una nube repleta de misterios y enigmas. Los Tahinos le siguen. Vuelve a pararse. Señala una planta y nos explica que de ésta se extrae el aceite de unguraua, que a parte de ser una bebida muy típica de la zona, se utiliza para teñir el pelo de negro, para fortalecer el cabello y para facilitar su crecimiento.

Y justo al lado se encuentra una de las plantas más importantes que la Amazonía ecuatoriana ofrece a sus pueblos: la guayusa. Nos dice nuestro amigo que de todas las plantas conocidas, ésta es la que tiene una concentración mayor de cafeína. Cada día, a las siete de la tarde, las mujeres cocinan sus hojas. Al día siguiente al despertar, es decir, a las dos o a las tres de la madrugada, todos los miembros de la familia, incluidos los más pequeños, toman la infusión que resulta de esta planta. Debido al alto contenido en cafeína, les permite empezar el día con muchísima energía, despejándoles de cualquier indicio de sueño y manteniéndoles en alerta para los peligros que puedan esperarles en la selva.

De repente, el Chamán lleva a los Tahinos con él a la otra parte del jardín, justo enfrente de un árbol llamado Palma Caminante, pues da la impresión que el vegetal en cualquier momento se vaya a poner a caminar con las numerosas raíces que emergen de su tronco. Y detrás de él encontramos un cúmulo de plantas medicinales juntas: la albaca, para problemas estomacales, gastritis o hernias de hiato; la ortiga, que aunque al principio produce escozor, nos asegura que luego ayuda a mitigar el dolor en cualquier zona del cuerpo, pues es analgésica, y también ayuda a purificar la sangre y a acabar con los calambres. A su lado se encuentra la Condición, de cuyas hojas, si se machacan bien, se extrae un zumo que se utiliza para el resfriado. Estas hojas también sirven para paliar el dolor de muelas.

Y tras esta clase magistral, nuestro médico naturista dirige al grupo de estudiantes al interior de su casa, una modesta cabaña donde convive una muy numerosa familia. Los Tahinos se sientan en unos bancos mientras la mujer de la casa les cocina pescado envuelto en la llamada Hoja Triste o Marantácea. Constatamos, pues, que la naturaleza, las hierbas y plantas, están presentes en cada instante de la vida de una familia kichwa.

Entretanto, los niños se pasean por el habitáculo, algunos de ellos restregándose por todo su cuerpo desnudo hojas de Hierba Luisa, que a parte de tener propiedades medicinales que facilitan la digestión, dicen que se utiliza como un buen y eficaz repelente de mosquitos.

Es entonces cuando el Chamán coge un taburete y se sienta en frente de los jóvenes Tahinos. Se dispone a realizar una "limpia" a dos de ellos. Haciéndosela, intentará equilibrar las energías de la persona, avivar su espíritu y conseguir que las fuerzas de la Naturaleza le acompañen.

Así pues, sentado en su taburete, pide silencio a todo el mundo. Uno de sus hijos le acerca a sus desgastadas manos un cuenco que contiene ayahuasca, la soga del muerto. Consiste en una droga alucinógena que los chamanes utilizan para abstraerse, contactar mejor con la naturaleza y así poder realizar correctamente las limpias. Nuestro Chamán pide que dejemos pasar 15 minutos para que la droga le haga efecto. Ésta le produce midriasis, es decir, dilatación de la pupila, y por ese motivo necesitará que la luz sea mínima. A medida que transcurren los minutos, y el día se va acabando, la habitación se oscurece mientras el humo de la hoguera encendida sigue estando presente en el ambiente. Su hijo le acerca otro cuenco en donde hay jengibre. Éste es básico para evitar que la ayahuasca le haga daño en el estómago y le haga vomitar.

Pasados tan sólo 10 minutos, nuestro protagonista susurra: "ya puedo empezar". Un voluntario se levanta y se sitúa, en cuclillas, en frente del absorto Chamán. Éste agarra un manojo de ramas con hojas de la planta shurupanga, que empieza a agitar alrededor del voluntario, mientras realiza un cántico en que llama a los espíritus de árboles, ríos y animales para que se reúnan con él.

La música del Chamán rodea a los Tahinos, les entra por los oídos y se hace huésped de su ser. El momento es mágico, y las personas que están ahí sentadas comparten estancia con los espíritus de la Naturaleza. Nunca había estado ésta tan presente en sus vidas. Las plantas han tenido hoy un papel protagonista en la vida de los tahinos; la Tierra se les ha manifestado hoy en todo su esplendor.

 

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