Noticias

Agua, Kirguistán y el futuro

La cordillera Tian Shan crea un espectáculo y orografia única, sembrando a Kirguistán de un entorno único.

Por Marc Valle

El agua es el bien más universal y preciado, superando con creces cualquier otro recurso, pero en el futuro se puede vislumbrar otra posibilidad.

No será la primera vez. Históricamente, el agua ha representado una gran arma en guerras y conflictos. Asedios de meses podían terminar si se lograba detener el flujo de agua hacia una población, o incluso a la inversa.

La primera gran conquista de Gengis Khan, la toma de la ciudad amurallada de Xingqing, se logró gracias a que los mongoles crearon una presa para parar el flujo de un río hacia la capital; pero al ceder, provocó una inundación en la ciudad, y el agua estancada terminó provocando una epidemia y la rendición total.

En la actualidad, Kirguistán tiene un peso providencial en este hipotético futuro.

Este país de Asia Central es el único estado de toda la región cuyos recursos hídricos, sus fuentes de agua, tienen origen dentro de sus fronteras.

Los ríos, el agua proveniente de los glaciares y las diminutas precipitaciones de agua oceánica (Kirguistán es el país más alejado del océano en todo el mundo) generan sus abundantes reservas, indispensables para la agricultura, la energía hidroeléctrica (que genera el 70% de la energía del país) y, por supuesto, para la población.

Esto es posible gracias a la cordillera del Tian Shan, que cubre cerca del 90% del país, con picos de hasta 7.000 metros, de donde surgen ríos como el Talas o el río Naryn, de 807 km y el más largo de la región.

Sin embargo, pese a esa abundancia de agua, actualmente se estima una pérdida de glaciares de entre el 16% y el 30%. Para 2050, el 50% de los glaciares habrán desaparecido, y en 2100 ya no quedará ninguno.

Debido a este hipotético futuro, las primeras tensiones han empezado a surgir.

Conflictos existentes

Debido al cambio climático y al gradual retroceso de los glaciares, la presión hídrica ha ido aumentando, generando conflictos sobre todo con Tayikistán y Uzbekistán.

El río Khojabakirgan (en tayiko) o Kozu-Baglan (en kirguís), y los proyectos kirguises para crear embalses no consensuados, han generado tensiones internacionales.

En 2021 y 2022, este suceso y el control de canales de irrigación se saldaron con muertos, evacuaciones y destrucción de infraestructura local, aunque el conflicto no degeneró.

De forma similar, el embalse de Kempir-Abad, construido a lo largo del río Kara Darya, ha sido fuente de tensiones entre Kirguistán y Uzbekistán.

Recientemente, en 2022, un pacto entre gobiernos permitió que se transfiriera el control a Uzbekistán, con un intercambio de tierras, aunque generó fuertes protestas en Kirguistán.

Al mismo tiempo, el proyecto de la presa Kambar-Ata-1, en Kirguistán, genera preocupación en el país uzbeko debido al temor de desvíos en los canales de riego durante el verano.

Estos conflictos incipientes parecen surgir en la actualidad, pero su origen se encuentra en la era soviética.

La región de Asia Central, bajo la política de la URSS, compartía el agua en verano a cambio de combustible y energía en invierno, pero la desaparición de la URSS y la erosión de este sistema han ido generando desajustes crecientes.

El futuro se muestra incierto. De seguir este escenario, la falta de agua podría provocar protestas a nivel local y conflictos entre estados.

La falta de sistemas de regulación modernos y una desconfianza parcial entre los gobiernos potencian esta posibilidad, aunque a día de hoy ya se han dado los primeros pasos con la firma de tratados.

En el futuro se vislumbrará si esta región y sus países lograrán acordar pactos para conservar y repartir sus recursos.