Por Daniela Sosa
Me llamo Keremet (Perla en castellano). Tengo 4 años. Nací en Kirguistán, pero no recuerdo bien en qué parte. No tengo recuerdos de mi pasado antes de estar aquí.
En un año y medio aprendí a volar, a cazar y, sobre todo, a obedecer. Claro que lo hago por la recompensa, pero si viviera libre, podría comer cuando quisiera. A veces me pregunto qué hay más allá de los brazos de mi adiestrador.
En el último tiempo he escuchado decir que, a mis 15 años, comenzarán a tratarme mal para luego dejarme libre. Dicen que les generará dolor hacerlo, cosa que no comprendo.
Volar me gusta, y los mimos de mi dueño también. Pero últimamente siento mucha ansiedad cuando vienen muchos humanos a verme. Mostrar mis habilidades me emociona, pero luego me tapan los ojos y me posan en brazos que no conozco. Algunos son más débiles y otros más fuertes, pero ninguno me da las señales como mi amo, y me confundo porque no sé qué hacer. Alguna vez me caí al suelo. No me he hecho daño, pero me asusta.
Mi veterinario me visita cada mes y dice que estoy sana, y que viviré unos 60 años. Solo me queda esperar 11 años para ser libre y volar por la estepa infinita.













