Por Marc Valle.
Vietnam es un país del sudeste asiático con una de las economías con mayor crecimiento mundial, que busca competir al máximo nivel internacional, pero aún sigue manteniendo muchas de sus tradiciones, cultura, valores y comunidades.
En relación a esto destacan las 54 etnias que hoy en día conviven en el país y mantienen su estilo de vida, pese a verse influenciado por un turismo creciente que está transformando su forma de ser. Dentro de estas etnias destacan, por su dualidad en relación con el trabajo y la estructura social, los Hmong rojos.

Esta etnia, tradicional en su forma de actuar y su sociedad, viene marcada por una estructura patriarcal, y una de las características más destacadas a ojos foráneos son las prácticas relacionadas con el matrimonio. En las culturas rurales Hmong, el matrimonio suele suceder a edades tempranas, entre 14 a 17 años como norma habitual, y una mujer soltera de 18 a 19, en palabras del guía local Felipe, se percibe como “alguien a quien se le está pasando el arroz”.
Pese a que la ley vietnamita prohibe expresamente el matrimonio infantil, en aldeas de montaña las leyes comunitarias tradicionales tienen un gran peso. Esto se puede ver en todo su esplendor en la antigua y controvertidabpráctica del “zij poj niam”, la captura de la novia. Este concepto tiene dos caras muy distintas: El rapto consensuado y simulado y el rapto forzado.

Tradicionalmente, el rapto consensuado funciona como una vía de escape económica. Si un hombre joven está enamorado de una mujer pero su familia es demasiado pobre para pagar la costosa dote a los padres de ella, la pareja pacta un secuestro simulado. El chico la “rapta” con su consentimiento y la lleva a su casa. Al pasar la noche allí, la comunidad asume que ya están juntos, lo que permite negociar una dote mucho más baja.
El rapto forzado usa la fuerza física para secuestrar a niñas en contra de su voluntad. Una vez en casa del captor, la presión social y el estigma de haber pasado la noche fuera hacen que para la joven sea sumamente difícil regresar con su familia sin sufrir el rechazo de la comunidad, como cuenta una mujer en esa misma situación, con ya tres hijos.
La economía Hmong y el cambio incipiente
A diferencia de otras sociedades tradicionales, las mujeres trabajan fuera o comercian mientras los hombres Hmong se dedican a la agricultura de subsistencia, principalmente de arroz, la construcción de casas y la artesanía de madera. Son tambien los hombres Hmong los que cuidan a los hijos, cocinando o cargando a los bebés.
Con la apertura vietnamita al mercado internacional, las mujeres Hmong han demostrado una increíble capacidad, aprendiendo inglés, francés y español de forma puramente auditiva, a menudo sin saber leerlo o escribirlo. Debido a esto han logrado trabajar como guías de trekking o la venta de textiles hechos a mano de un color índigo profundo de las plantas con las que trabajan. Mientras los hombres realizan trabajos físicos de temporada, la mujer mantiene un flujo de dinero constante.

Esta dinámica está generando fuertes tensiones generacionales. El saber hablar diferentes idiomas, tener acceso a internet, la posibilidad de formación superior y el valor económico que generan gracias a los viajeros está provocando que muchas de ellas se rebelen activamente contra el matrimonio infantil y los raptos asociados.
Según el aclamado documental vietnamita Children of the Mist (Hijos de la niebla), un porcentaje creciente de jóvenes Hmong pelean por continuar sus estudios, manteniendo su autonomía, y es un testigo de primera mano de esa rebelión al lado de un retrato crudo sobre esta realidad.














