
Primera parada del día: la mezquita Dungana, característica por su colorida fachada y su estructura de madera, construida sin un solo clavo, reflejo del estilo arquitectónico tradicional chino.

La Iglesia Ortodoxa de la Santísima Trinidad fue construida entre 1894 y 1895. Sus cinco cúpulas, adornadas con varias pinturas, y el colegio que tiene en ella la hacen única.

El pequeño mercado de Karakol cuenta con una gran variedad de productos. Desde frutas y verduras hasta telas y ropa adornan sus estrechos pasillos.

Zarina, de etnia dungana, nos ha dejado a todos sin palabras con su comida, pero, sobre todo, con su sonrisa.

En Kirguistán, más de 13.000 kilómetros cuadrados están cubiertos por superficie forestal, lo que representa una parte significativa del territorio nacional.

Los caballos son fundamentales en Kirguistán, sirviendo como un pilar de la economía, la cultura nómada y la vida cotidiana.

Las yurtas son fundamentales en la cultura kirguisa, representando su historia, identidad y espiritualidad, con un profundo simbolismo en su diseño y uso, que abarca desde la estructura familiar hasta la conexión con el cosmos y la naturaleza.

Antes de retirarse a dormir en las yurtas, los viajeros participan en una mesa redonda organizada por los tahinos, un espacio íntimo de conversación donde se comparten emociones, reflexiones y experiencias vividas durante la jornada.













