Por Ester Marsal y Marc Valle
Para dar la bienvenida al tercer día, el grupo tiene que enfrentarse a desayunar un poquito más de sopa, por si en las comidas del segundo día no hubiera habido suficiente.
Con las dos mochilas reglamentarias, los tahinos suben al autobús para que Felipe les explique las visitas del día y reparte auriculares con los que tendrán la voz del guía siempre presente. La primera gran parada, a solo dos días del día nacional de Vietnam, es el mausoleo del padre del país, Ho Chi Minh (“el que ilumina”). Pese a estar cerrado al acceso los lunes, se han formado igualmente largas colas para acercarse a la zona y ver, entre otros, la ultima residencia del líder vietnamita.

Originalmente Nguyễn Sinh Cung, durante sus 79 años fue adoptando varios seudonimos para proteger su identidad de potencias coloniales y representar su visión para un Vietnam unido. El de Ho Chi Minh es tan popular que da nombre a la segunda ciudad más grande y centro económico del país.
Cuando termina la visita, los tahinos se dirigen al corazón de Hanoi y con una bebida en mano y rodeados de vietnamitas, pueden ver y sentir el peligro del tren en la famosa calle Train Street, donde tienen que encoger las piernas y proteger sus cámaras para dejar paso al convoy.

Más tarde, en un restaurante, disfrutan de un poco más de sopa, con la que cogen fuerza para descubrir las representaciones de dos religiones distintas centrales del país, el budismo y el taoismo: el templo taoísta de Quan Thanh, parte de los cuatro guardianes de Thăng Long, cuatro templos situados simbólicamente en los cuatro puntos cardinales para proteger la antigua capital, y la pagoda Trấn Quốc (protección del país), una de las más antiguas de Vietnam y la más popular de Hanoi, en una isla situada en uno de los múltiples lagos de la capital. Este templo budista destaca por su famosa torre roja de 11 niveles, hexagonal y con 66 estatuas de buda, para que estés donde estés haya un Buda mirando.

Para conocer más la cultura vietnamita, el grupo ha podido disfrutar de un llamativo espectáculo de marionetas acuáticas. La obra se ha dividido en once actos, donde los muñecos representaban diferentes escenas típicas de la tradición cultural del país, como por ejemplo la danza del dragón.

Después del espectáculo, Felipe ha dado tiempo libre a los tahinos, los cuales han aprovechado para probar el tamago sando (el famoso sandwich viral de TikTok) o comprar alguna que otra prenda de imitación antes de cenar, donde, para no variar, había sopa.
El día para los aventureros llega a su fin, pero hoy de una manera diferente, durmiendo en un tren camino a Sa Pa y saludando a la gente que ahora ocupa el lugar donde ellos han estado esta mañana en las terrazas de Train Street.














