Diario de Ruta 2026, Vietnam

Diario de ruta, día 2: Hoy puede ser un caluroso día, asume que será así

Foto: Abel de Medici

Por Miquel Torrent, Ester Marsal i Marc Valle

Los tahinos esperan el equipaje sin conocer todavía el calor abrumador del exterior, ni a Felipe, que, con su particular estilo narrador, está a punto de convertirse en el carismático guía de la expedición durante las próximas jornadas. Felipe nació en Vietnam, pero al estudiar junto a españoles se vio obligado a buscar un nombre que pudiera ser pronunciado sin demasiadas dificultades. Como él, pocos pueden decir que lo han escogido. Quiso llamarse Raúl, en honor al gran delantero del Madrid de los Galácticos, pero la lesión del futbolista se lo impidió por miedo a la superstición. El nombre del por aquel entonces príncipe Felipe le cautivó y decidió quedárselo.

El zumbido del motor del autocar, entrelazado con la voz de Felipe, acompaña al grupo durante el trayecto del aeropuerto al hotel, mientras Hanoi empieza a aparecer al otro lado de la ventana. El grupo llega al hotel para descargar equipaje antes de dirigirse a Văn Miếu Quốc Tử Giám, templo de la literatura y primera universidad nacional de Vietnam.

Es uno de los lugares más importantes de Hanoi para entender la importancia que han tenido historicamente la educación y el conocimiento en Vietnam. Los jardines, los estanques y los distintos patios del recinto forman un paréntesis dentro de una Hanoi que, apenas unas calles antes, parecía funcionar a base de motos, ruido y movimiento constante.

Es aquí donde Felipe empieza a poner contexto a lo que el grupo tiene delante. Durante aproximadamente mil años, diferentes dinastías chinas ejercieron su dominio sobre el territorio, hasta que la victoria de Ngô Quyền en el río Bạch Đằng, en el año 938, abrió el camino hacia la independencia. La influencia china, explica Felipe, ha dejado una huella profunda en Vietnam, desde la cultura y los rasgos hasta la escritura presente en muchos edificios públicos, aunque la identidad vietnamita se esfuerce en no reconocerlo.

La explicación continúa con una idea que se repite: el respeto por los mayores. En Vietnam, la familia ocupa un lugar central y los hijos mantienen tradicionalmente una fuerte responsabilidad hacia sus padres cuando estos envejecen. De ahí que apenas se pueda ver ancianos en la calle, pues son los hijos los que salen a trabajar.

Y entonces aparecen el yin y el yang. Dos fuerzas opuestas, pero que deben mantenerse en equilibrio para que exista armonía. El yin representa lo inferior, lo frío y aquello asociado a la tierra. El yang, lo superior, lo cálido y lo activo. Lógica aplicada también a la comida. La idea se puede resumir en una frase que Felipe repite durante la visita: si hay yin y hay yang, hay vida; si no, no hay armonía.

El equipo tahino, tras un breve descanso de restaurante y hotel, visita el casco antiguo en xiclo, un tradicional vehículo turístico. A través de las calles de tiendas tradicionales y edificios franceses imperiales, los conductores van maniobrando entre transeúntes, motos y demás vehículos, hasta que nos dejan para explorar la ciudad libremente antes de una última parada.

Para terminar el segundo día, el grupo tiene la suerte de disfrutar del famoso café con huevo en el local donde fue inventado, Café Dinh, y poco más tarde de una sala entera reservada para ellos, donde jóvenes camareros les atienden y sirven comida típica de la zona: rollitos vietnamitas, arroz frito y sopa que desconciertan a los tahinos. Además de ese dulce final; sandía y fruta del dragón.

Cuando los integrantes de la Expedición Tahina-Can suben al autobús que les lleva de vuelta al hotel, apenas se oye ruido, pues todas las horas acumuladas sin descansar empiezan a hacer mella. Por fin, después de una jornada que parece que ha durado más de 24h, el grupo cierra los ojos con ilusión de empezar un nuevo día.