Por Miquel Torrent.
Amanecen en Sa Pa los expedicionarios en el quinto día de travesía. Dicen que para conocer bien un lugar hay que vivirlo de día y de noche, y algunos tahinos quisieron asegurarse de conocer bien la parte nocturna de la localidad.
El grupo de Tahina llega al punto de salida del trekking y Felipe imparte una clase maestra. El grupo conoce una planta de la que se extrae tinte índigo, con el que se da color a productos hechos a mano y en el proceso se tiñen de oscuro las manos de las artesanas. La tradición local mira a lo que crece alrededor para usar como medicamento: las hierbas y sus propiedades. También nos presenta su Ibuprofeno, una planta llamada lot.

El paisaje es imponente. Se levantan hasta lo más alto del valle arrozales perfectamente alineados, fruto de la ingeniería empírica que necesita adaptarse a la fuerza de la gravedad. El color es de un amarillo brillante. El entorno ayuda a sentirse pequeño, a conectar con el presente, a capturar la mejor foto, vídeo o historia.
Después de recorrer 10 kilómetros y más de 230 metros de desnivel, una familia local nos acoge en el pueblo de Ta Van para disfrutar de una comida que los anfitriones han preparado. Nadie parece animarse a reconocer que estamos contentos por no ver la sopa en el menú.

Por la tarde aguarda un merecido descanso. Los excursionistas han podido disfrutar de un corto pero auténtico catálogo de opciones para recuperarse: masajes vietnamitas, baños termales (lo mas parecido a una ducha que verán en dos días) o una siesta en la casa de huéspedes. Sin embargo, las ganas de trabajar y la apretada agenda han empujado a los equipos a seguir con sus tareas. El equipo de prensa escribe el diario; el equipo de tele monta y edita los vídeos para enseñar la realidad del país; redes mantiene activo el perfil para enseñar hasta los detalles mas pequeños y fotografía inmortaliza momentos para la historia.
Noche de primeras presentaciones, de compartir proyectos y, sobre todo, de echar la vista atrás a estos días. Sería difícil resumir esta noche sin reconocer que el protagonismo se lo han llevado los discursos, los aplausos, el reconocimiento y el aprendizaje; pero también las carcajadas, el sarcasmo, y esa complicidad que, llegado el momento, hizo que alguno saliera al escenario a dar una exhibición de desparpajo.














