Diario de Ruta • 2026, Vietnam

Diario de ruta, día 6: Sa Pa desde las alturas

Por Ester Marsal.

El grupo ha despertado mejor acompañado que nunca: alrededor de sus compañeros en una casa de huéspedes, gracias a la hospitalidad de una familia de Ta Van.

Las anfitrionas de la casa llevaban horas preparando unas crepes que dejaban su olor dulce por toda la casa. El desayuno y café recién hecho, sumado a las increíbles vistas de las montañas y terrazas de arroz, hacían que fuese una mañana especial, una mañana que recordaba una vez más lo lejos que el grupo está de casa.

Los tahinos tenían excusa para pasarse de la raya con el sirope de caramelo: la ruta por los arrozales que venía después. Parecía un paseo inofensivo, pero después de subir, respirar, subir y respirar un par de veces, el grupo ha empezado a plantearse la decisión. Tanta era la magnitud de las subidas que el grupo paraba en cada lugar que podía para coger aire y descansar las piernas. El grupo ha tenido la suerte de tener varios encuentros con los habitantes habituales de la zona: los bueyes, quienes se colaban en el camino dejando algún que otro regalo.

Los rugidos de la barriga eran cada vez más fuertes y, al sentarse para comer en el hotel, durante unos segundos algunos han mirado con una ilusión desmedida un plato que parecían croquetas, pero la realidad les ha devuelto a Vietnam: eran bolas de tofú.

El día sexto de viaje ha sido uno de esos días de trayecto que, al contrario que los demás, acaba haciéndose largo. Tocaba volver al origen: Hanoi. Mochilas cargadas, piernas tensas de tanto caminar y ojos medio cerrados por la acumulación de la falta de sueño: combo perfecto para subirse a un autobús durante seis horas.

Después de muchas horas y de una parada para probar el Castella, el famoso pastelillo al que llaman el “sobao japonés”, el grupo ha llegado a Hanoi. Para cenar les esperaba un menú que ya empieza a ser casi patrimonio oficial del grupo: rollitos vietnamitas y, cómo no, sandía de postre.

El café con vistas de la mañana había sido increíble y el sobao japonés hacía honor a la buena pinta que tenía, pero aún así, lo mejor del día llegaba ahora: la ducha. Siempre dicen que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, y después de este viaje muchos empezarán a valorar la sensación de meter tu cuerpo entero debajo del agua.

Hanoi sigue viva pero hoy, al contrario que otros días, los tahinos deciden que al día hay que ponerle un “to be continued… tomorrow”.