Diario de Ruta • 2026, Vietnam

Diario de ruta, día 8: La bahía de los dragones

Por Ester Marsal.

Los tahinos despiertan en la bahía de Ha Long apreciando por última vez las vistas desde su casa flotante. Solo unos pocos supervivientes ven salir el amanecer, aunque, según algunos, fue el peor que habían visto nunca porque el cielo estaba nublado. Para consolarse, asisten a una clase de taichí en la cubierta antes de desayunar.

Después de coger fuerzas, se dirigen a la isla Ti Top, para subir nada más y nada menos que 424 escalones, aunque pronto se dan cuenta de que vale la pena por la inmensidad del paisaje desde el mirador. Al bajar hay un premio: bañarse en la playa. Para algunos, es la primera vez bañándose en el océano Pacifico, lo que lo hace todavía más emocionante.

En el crucero les espera un brunch preparado, pero no del que todos imaginan, sino con espaguetis y pescado; aun así, el grupo tiene tanta hambre que no deja ni las migas. Después de hacer las mochilas y subirse al autobús para llegar a Hanói, los aventureros tienen la tarde libre. Hay quienes aprovechan para acabar sus trabajos y hay quienes terminan de hacer sus últimas compras en la ciudad antes de partir al día siguiente.

“La última cena” tiene lugar en una sala reservada solo para los tahinos, ya que cada equipo expone y presenta a los demás en lo que ha estado trabajando estos días, se da algún que otro premio y se derrama alguna lágrima mirando el video resumen de la expedición.

Al volver al hotel y terminar con el reparto de diplomas, algunos deciden que no ha sido suficiente y que tienen que redescubrir la noche en Hanói, por lo que intentan alargar lo máximo posible esa última velada de grupo y aunque, la mayoría desearía que “no s’acabi” como dice la canción de Figa Flawas, saben que todo lo que tiene un principio tiene un final, aunque a menudo no es tan bueno como este.