Reportajes 2026, Vietnam

El lenguaje propio de las calles de Hanoi

Foto: Júlia Cussó

Por Ester Marsal.

Cruzar la calle en Hanoi es una auténtica aventura y, sobre todo, un auténtico peligro para todos los turistas acostumbrados a un tráfico ordenado. Esta cultura sobre dos ruedas está caracterizada por el caos organizado de sus calles y aunque las normas de tráfico, igual que los pasos de peatones, a menudo se ignoran, los conductores se adaptan mediante pitidos y un ritmo rápido.

Sigue hacia adelante y no retrocedas”, es el primer consejo que Felipe, el guía de la expedición, da a los tahinos. Los conductores miden tu tiempo de trayectoria y si te detienes en medio pueden confundir su cálculo y romper con ese baile perfectamente armónico de vehículo-peatón.

Este caos callejero tiene un protagonista indiscutible: la moto, el vehículo más pequeño pero más presente en las calles. Por lo visto, siguen la ley del más grande y no esperan a que un coche o un autobús les ceda el paso, tienen un talento natural para abrirse camino entre ellos. Cientos de motos se cruzan en las intersecciones pero consiguen esquivarse y seguir su camino como si de una coreografía ensayada se tratase. Aun así, lo que hace que los turistas saquen su móvil para fotografiar es la manera en la que pueden transportar cualquier cosa con este vehículo: desde televisores y grandes cantidades de comida hasta familias de cuatro.

Hasta hace apenas 35 años, según Felipe, la mayoría de la gente en Vietnam se desplazaba en bicicleta. Sin embargo, hoy parece que eso ha pasado a la antigüedad y la moto es una parte fundamental de Hanoi, ya que hay casi más motos que personas. Para los vietnamitas, la moto no es solo un medio de transporte: es una extensión de su vida cotidiana, es su fiel compañera, la que les hace seguir el ritmo acelerado de la ciudad, donde pararse es perder y confiar es avanzar.