Por Teodora Preradovic
Aunque el idioma ruso se suele hablar en público en las grandes ciudades de Kirguistán, como Bishkek, el kirguís es el idioma familiar y más cercano culturalmente a la etnia dominante.
La influencia histórica de Rusia, desde los tiempos del Imperio hasta la Unión Soviética, ha permitido que el kirguís y el ruso se constituyan como los idiomas oficiales del país. Mantener el idioma ruso tiene un objetivo cultural y estratégico —les permite una mejor comunicación y relación con su aliado. A la vez, el idioma en que hablemos tiene mucho que ver con nuestro contexto y nuestras referencias culturales.
Los dos lenguajes conviven en Kirguistán con contextos entrelazados y culturas distintas.
Una manera en que los referentes culturales se distinguen a través de los dos idiomas oficiales puede manifestarse en el vocabulario diario más básico, como la palabra ‘nuez.’
Kirguistán es hogar del Arslanbob, el bosque natural de nogales más grande del mundo. Pero la palabra ‘nuez’, en apariencia sencilla, cambia entre el ruso y el kirguís. En ruso, se refiere a las nueces como “nuez griega”, aunque las nueces que importan realmente llegan de la región kirguisa de Jalal-Abad. Se dice así porque hay un mito sobre el conquistador Alejandro Magno, que cuenta cómo el rey macedonio trajo las nueces desde Grecia para venderlas a través de Europa. En realidad, las nueces de aquella época también venían del mismo bosque en Asia Central.
Por suerte, el idioma kirguís no está en peligro de extinción cómo otros idiomas indígenas, pero sí que ha pasado por muchos cambios a través de los años de colonización por varios poderes.
Hoy en día se usa cirilico para escribir en kirguís, pero en vez de tener 33 letras como el alfabeto ruso, el idioma requiere tres letras más para acomodar la diversidad de la pronunciación kirguisa.
Antes de la llegada del imperio ruso, se usaba la escritura árabe, aunque la lengua kirguisa viene de la familia túrquica. El lenguaje ha pasado por varias etapas de cambio e identificación, pero sus nativohablantes lo han podido mantener, a pesar de sus antiguos colonizadores.













