Por Teodora Preradovic
Son las once de la mañana del 31 de agosto y es el Día de la Independencia en Kirguistán. El Bazar Osh, como se conoce al mercado de Bishkek, rebosa de actividad. En 1984, los primeros comerciantes llegaron a la capital desde la provincia sureña de Osh, y por eso toma ese nombre. Hoy, los pasillos están repletos de kirguises, uzbekos, tayikos y rusos en busca de la mejor oferta.
En el mercado se venden productos locales, desde el kurut — queso seco tradicional de leche de yegua fermentada — hasta nueces de Arslanbob, el bosque de nogales más grande del mundo. Otro artículo que no deja indiferente a los occidentales son las piedras comestibles que se mordisquean como fuente de minerales, una práctica extendida entre los locales.
Entre las filas de frutos secos y caramelos, los niños brillan de ánimo con las muchas opciones que se ofrecen. A solo unos pasos, en la hilera más cercana, se acercan los hombres para comprar nasvay — tabaco de mascar en forma de pequeñas bolitas que se introducen entre el labio inferior y las encías. Estas bolitas verdes y negras se pueden vender en botellas recicladas de coca-cola y bolsitas de plástico.
Si se sigue serpenteando por el mercado, se puede encontrar a Nurgul. Ella es una señora bajita con ligeras manchas solares en la cara que vende los frutos secos típicos del país, como son las nueces, los albaricoques o las pasas. Esta vendedora de 48 años lleva media vida con su negocio familiar. Aunque ahora, su rutina después de tantos años va a cambiar. El mercado de Osh va a ser trasladado a las afueras de la ciudad, transformándose en una mezcla de bazar y centro comercial. “Las condiciones serán buenas, en verano hará menos calor y en invierno menos frío”, expresa Nurgul con esperanza. El gobierno quiere reubicar el mercado por el tráfico y caos que causa en el centro y, en su lugar, se van a construir casas para formar un barrio nuevo.
Dejando atrás la sección de comida se descubre un pasillo con ropa militar, tradicional, objetos para el hogar y souvenirs. Quedan pocas horas para que cierre el mercado, pero el bullicio no cesa. Muchas familias apuran los últimos minutos para comprar el material de sus hijos. Mañana empieza el nuevo curso escolar y se da, oficialmente, la bienvenida al otoño.













