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Kumis: mucho más que una bebida 

Foto: Brunna Lotti
El kumis, a base de leche de yegua fermentada, es la bebida tradicional de Kirguistán.

Por Javier Lombardero

El atole en México, el amazake en Japón o el mate en Uruguay. La mayoría de los países tienen una bebida tradicional que forma parte de su idiosincrasia, y el simple hecho de nombrarlas te transporta a ese país. Kirguistán también tiene sus propios brebajes como el chalap, el kvas o el maksym, pero sin duda la bebida kirguisa por excelencia es el kumis, que comparte con otras regiones de Asia como Kazajistán o Mongolia.

Este líquido, hecho a base de leche de yegua fermentada, forma parte de la cultura kirguisa desde hace siglos, cuando los pastores nómadas que habitaban la región la empezaron a consumir para poder nutrirse durante sus largas marchas ecuestres. El propio nombre de la capital kirguisa, Biskek, significa ‘palo para fermentar la leche de yegua’, lo cual refleja la profunda conexión de esta bebida con el país.

Entre ácido y dulce, el kumis es un signo de la hospitalidad kirguisa e incluso se utiliza para fines terapéuticos, lo que se conoce coloquialmente como ‘kumisterapia’. Esta terapia se realiza cada mes de mayo, cuando los nómadas suben a las montañas con la llegada del calor. La ingesta del kumis más puro, aquel recién ordeñado, durante tres o cuatro días, tiene un efecto laxante y beneficioso para el sistema inmunológico. Algunos locales también aseguran que el kumis puede aumentar los niveles de testosterona.

Pero esta bebida tradicional es consumida principalmente en la montaña, debido a la dificultad de su conservación, mientras que en la ciudad es más común el chalap (elaborado con yogur, agua y sal), el kvas (a base de cereales como el centeno o la cebada) o el maksym (preparado a partir de cebada, trigo o maíz), todas ellas bebidas también fermentadas. El té por su parte también es una bebida muy popular.

El kumis es una bebida, pero también un símbolo nacional del que los kirguises se sienten orgullosos. Su sabor puede resultar peculiar e incluso desagradable para los extranjeros, pero es una parte del rico legado de Kirguistán, un reflejo de su extenso patrimonio cultural y su degustación es inexcusable en cualquier visita al país.