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Leyendas de Kirguistán

Brunna Lotti

Soy Ainura, mi nombre significa ‘luz de la luna’, soy mensajera de los espíritus antiguos. Os contaré dos leyendas, para que lleve en vuestro corazón fragmentos que preservan nuestra cultura ancestral.

La Inundación y la Madre Ciervo

Brunna Lotti

En un tiempo casi tan antiguo como el propio mundo, la tierra fue cubierta de agua. El suelo necesitaba de la subida de los ríos para su fertilidad, pero nunca hubo una inundación como esta. Muchos de los primeros habitantes de las tierras de Kirguistan se ahogaron en medio del diluvio, hombres y caballos sin distinción.

En la cima de una montaña, que ahora no era más que una minúscula isla em medio a las aguas, la vida resistía. Una niña y un niño se agarraban y pedían protección a los espíritus. No quedaba nadie de su tribu para salvarlos para que no fueran abandonados. Una luz surge en medio de la tempestad. La cabeza de un ciervo se levanta. Los niños se agarran a sus grandes cuernos, el niño en el cuerno derecho y la niña en el cuerno izquierdo. La madre ciervo había venido para salvarlos.

Cuando bajaron las aguas, el ciervo siguió protegiendo y alimentando a los niños. Estaban destinados a repoblar el mundo, y así lo hicieron, sin olvidar nunca a su madre ciervo.

Modu, el rey huno

Leonardo Yvens

Dice la leyenda que los hunos y los chinos, que estaban siempre en guerra, decidieron hacer un tratado de paz. Para garantizarlo, el rey huno mandó al hijo que tenía con su segunda mujer para vivir en el palacio del rey chino. Este hijo se llamaba Modu.

A continuación, el rey huno empezó una nueva guerra con los chinos, sabiendo que su hijo Modu podría morir. En realidad, ese era su plan, ya que prefería como heredero al hijo que tenía con su primera mujer.

Lo que el rey no sabía es que Modu, con su gran fuerza y habilidad, ya había escapado del palacio, y pronto volvió con los hunos, donde las tribus lo recibieron con una gran admiración por lo que hizo.

Modu, entonces, reunió cien de los mejores guerreros hunos para su guardia, pero con una condición: si el tiraba un flecha en una dirección, todos deberían tirar en la misma dirección.

Para verificar la obediencia de los cien guerreros, Modu tiró contra su caballo favorito. Recelosos de que matarían al animal favorito del hijo del rey, los guerreros no tiraron en la dirección del caballo. Modu ordenó la muerte de todo el grupo por su desobediencia.

Nuevamente, Modu seleccionó cien hombres entre los mejores guerreros, con la misma condición de que todos tirasen en la misma dirección que él. En una prueba de lealtad aún más extrema, Modu tiró en la dirección de su propia mujer. Con miedo de tirar contra una princesa, los guerreros no dispararon. Enfadado, Modu mató a todos los desobedientes.

Modu formó un tercero grupo de élite. Todos sabían lo que pasó a los primeros dos grupos, y estaban listos para tirar donde su cabo quisiera. Durante una caza, Modu tiró contra su padre. Sin pensarlo, los cien guerreros tiraron cien flechas contra el propio rey.

Y así, Modu se volvió un poderoso y temido rey huno que expandió su poder de Asia hasta Europa.