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¡Oh capitán, nuestro capitán!

Foto: Iván Larartegui
Como tributo a Edil, el guía que comandó la expedición a la antigua república soviética de Kirguistán, el taller de prensa escrita rinde este modesto homenaje coral.

Por Ricardo López Si

La mitología de Kirguistán está conformada por la herencia de la vida nómada, la leyenda del leopardo de las nieves, la resistencia identitaria de los cosacos y dunganos, el arte ancestral de la cetrería y la omnipresencia de las montañas celestiales de Tian Shan. Aunque para un puñado de viajeros, integrantes de la expedición Tahina-Can, la tierra de los kirguisos simbolizará, irremediablemente, la sonrisa de un contador de historias culto, sensible y carismático con gorra de beisbol y hoyuelos en las mejillas.

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Por Javier Lombardero

Oriundo de Issyk Kul, 29 años, estatura media, ojos rasgados, tez morena y siempre con gorra. Tímido, pero bromista; humilde, pero con confianza en sí mismo; atento, servicial, discreto y sosegado; con una sonrisa eterna, siempre dispuesto a saciar la curiosidad de los tahinos. Su nombre es Edil, quien lo conoció lo sabe.

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Por Julia Álvarez

“¡Vamos, chicos!” o “¡Chicos, vamos!” acompañado de una palmada. Así se dirige Edil a nosotros. Un grupo numeroso que no se lo ha puesto fácil. Somos dispersos, nos cuesta estar en silencio y ser estrictamente puntuales. A pesar de esto, Edil ha demostrado tener una paciencia infinita. No ha perdido la sonrisa ni el sentido del humor. El guía incansable, al frente en cada trekking y también al pie del cañón después de una noche de fiesta.

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Por Teodora Preradovic

“¿Más preguntas? Esto es como una conferencia de prensa”, dice Edil. Mira a su alrededor y sonríe levemente después de iluminarnos con cada nueva información, disfrutando en darnos más, anhelando darnos más. Nunca pierde la oportunidad de compartir lo que sabe y hace que cada pregunta se sienta bienvenida. Su comportamiento serio en momentos de importancia logística contrasta con su risa infinita ante sus propios chistes. Los tahinos se ríen con él en anticipación contagiosa del clímax, una alegría genuina que hace que lo que venga a continuación sea inevitablemente auténtico.

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Por Marc Valle

Bishkek, su festiva plaza central, el aromático mercado de Osh, música tradicional, un lago infinito, chamanes y su templo granítico, las temporales pero acogedoras yurtas, comida sin fin, leyendas místicas, historia soviética y de un joven país, la hospitalidad dungana, las religiones opuestas pero armoniosas, cascadas del cielo, montañas nevadas y ocultas bajo nubes, la fuerza y la hospitalidad cosaca. Todo esto nos quedara grabado para siempre, aunque por encima tenemos a Edil, el amable, carismático y bromista compañero, que nos guía y muestra las maravillas de un país desconocido, que nos transforma y nos descubre que éramos incompletos al no conocer estos lugares.

Por Daniela Sosa

A las 4 de la mañana al llegar al aeropuerto de Manas en Bishkek, nos esperaba él. Lo primero que nos dijo fue que lo esperemos en la farmacia de allí delante. Tenía cara de haber dormido poco y aún no éramos merecedores de su gran sonrisa. Con el paso de los días se convirtió en su marca personal. Una sonrisa y un “nosotros vamos a comer aquí” en su perfecto castellano, nos acompañó durante todo el viaje. Se fue adaptando a nuestros 10 minutos más para todo, aunque al principio le generaba cierta incomodidad. En solo una semana se convirtió en un tahino más. Su tía eligió su nombre. Lo llamó Edil.

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Por Abel de Medici

Edil, en español, es sinónimo de alcalde. Nuestro Edil, guía y compañero durante ocho días que se han hecho al mismo tiempo cortos e infinitos, decidió dedicarse al turismo en vez de a la política, pero en su profesión condensa las cualidades que nos gustaría ver en un líder: carisma, cercanía, buena comunicación… como dijo un poeta olvidado de la España contemporánea, “son los tahinos los que eligen a Edil y es Edil el que quiere que sean los tahinos el edil”.