Por Miquel Torrent.
Van Thi Chau viene cada martes al mercado de Coc Ly, una explanada cubierta de toldos plegables en lo alto de las montañas de la provincia de Lao Cai. El mercado solo abre una vez a la semana.
Ella carga dos bolsas de diez kilogramos de ropa tradicional hecha a mano y productos medicinales en una motocicleta. Tarda una hora y media de trayecto desde su casa hasta su puesto.

No es el único mercado donde exhibe sus productos, sino que lo hace también en otras partes de la provincia para ayudar a su familia. Es madre de tres hijos, y este ingreso le permite cargar con los gastos del hogar, pero también comprar aceite, sal y ropa para que los niños coman bien y vayan a la escuela.
Cuando no es temporada de turistas, se queda en casa con la maquinaria para hacer más ropa. No es su única fuente de ingresos: la familia se dedica a la agricultura. Cultivan maiz, canela, arroz y otros vegetales.
El gobierno concede licencias de un año con un coste de un 1.5 millones de dongs, equivalente a 50 euros. “Hay años buenos y no tan buenos” admite. Un buen año de ingresos puede rondar los 300 millones de dongs (10.000 euros). Estas cifras representan el volumen de ingresos agregado de todos los puntos de venta.

El gobierno no tiene control de lo que vende cada puesto, por lo que Van Thi Chau no paga tasas en función de las unidades que vende. Para dimensionar estas cifras hay que hablar del coste medio de una familia de tres hijos como la suya que reside en el norte de Vietnam: 800 euros mensuales. Los cálculos y la propia Tung (la traductora que ha hecho posible esta conversación) confirman que la capacidad de ahorro es nula.
El marido cuida la casa y los hijos, trabaja en el campo y la construcción. Un negocio que, en términos de rentabilidad, queda lejos del que gestiona Van Thi Chau. La mujer se va lejos a “buscarse la vida”, palabras de nuestro guía local, licenciado en Idiomas y Turismo. Es difícil definirlo mejor. Todos los vendedores ambulantes son mujeres que recorren largos senderos pisando los talones de turistas con el ultimo modelo de zapatilla Salomon Speedcross.
Van Thi Chau recoge sus artículos para volver a meterlos en las bolsas que irán atadas al chasis de la motocicleta. Su fuerza de agarre no deja indiferente al grupo de tahinos, que intercambian sonrisas con la lugareña.














