Las mujeres en Vietnam han tenido un papel fundamental y heroico en la historia del país. Desde la resistencia ancestral contra invsasores extranjeros hasta un liderazgo activo en la economía y la política moderna. Sin embargo, a pesar de esta importancia histórica, la realidad que encontramos actualmente (especialmente en las zonas rurales y de montaña), es muy diferente, y está muy relacionado con la familia, la agricultura y la artesanía. Muchas de ellas empiezan a trabajar desde muy jóvenes y, además de encargarse de las tareas de casa y del cuidado de los hijos, participan directamente en la economía familiar. En muchas ocasiones, la agricultura y la ganadería sirven para el autoconsumo, mientras que la artesanía se convierte en una de las principales formas de conseguir ingresos.
Algo que tenían en común todas las mujeres que conocimos es que se habían casado muy jóvenes (alrededor de los 16 años) y habían tenido hijos desde una edad temprana. Sin embargo, esta realidad ha ido cambiando con el paso de los años. Desde 2014, con la Ley de Matrimonio y Familia, la edad mínima legal para contraer matrimonio en Vietnam se establece en los 18 años para las mujeres y 20 para los hombres, y se prohíbe el matrimonio a los 16 años o menos, sin excepciones.
Aun así, culturalmente, en algunas de estas comunidades se le ha dado más importancia al matrimonio y a formar una familia que a continuar con los estudios. Esto ha hecho que muchas mujeres hayan tenido que dejar la educación básica para casarse y empezar una vida familiar desde muy jóvenes.
Pero esto no significa que su papel se limite al ámbito familiar. Al contrario, muchas de ellas son una parte fundamental del sustento de la familia y desarrollan sus propias actividades económicas. La artesanía, por ejemplo, no solo permite conservar las tradiciones y la cultura de las diferentes etnias, sino que también supone una fuente de ingresos para muchas familias.
Durante nuestro viaje pudimos conocer a diferentes mujeres con historias muy distintas, pero que tenían muchos puntos en común. Algunas trabajan con tejidos y ropa tradicional, otras con madera, agricultura o ganadería, y otras incluso han encontrado en el turismo una forma de ganarse la vida. A través de ellas pudimos ver una realidad que no conocíamos y entender que el papel de la mujer en Vietnam va mucho más allá de la imagen que teníamos antes de llegar.









Para preservar el anonimato y la privacidad de estas mujeres, hemos decidido no compartir sus nombres y fotografías a la misma vez. Asimismo, no hemos querido incluir todas las historias recopiladas, sino únicamente algunas de ellas, con el objetivo de dar voz a sus experiencias y visibilizar sus realidades.
Estas son algunas de las historias más llamativas:
Mujer 1: Con más de 30 años de experiencia, destaca por su habilidad única con la aguja de coser. Cuenta con todo un catálogo de productos artesanos, desde bufandas hasta sábanas y sombreros. El material que más frecuenta su puesto de mercado es el lino; aun así, su dominio del cáñamo y el algodón es excelso. Su marido es el otro pilar del negocio familiar. Elabora figuras de madera, llamadas Thieu nu Hmong, y se encarga también de la venta y la distribución. Su cliente objetivo es principalmente la venta al detalle y al minorista; sin embargo, también exportan al extranjero, a países como Francia.
Mujer 2: Una mujer de 56 años es especialista en indumentaria tradicional ceremonial. Sus piezas, llamadas Tung Flower Hmong, se utilizan en días muy señalados: bodas, entierros o fiestas locales y nacionales, entre otros. En el día a día, la acompaña su hijo, con quien comparte las tareas cotidianas de la vida en el mercado.
Mujer 3: Una mujer local nos comenta su historia de vida; una de entre muchas otras en Vietnam. Nacida en 1985, contrajo matrimonio a los 16 años con el padre de sus tres hijos. Después de casarse, se trasladó a la casa familiar de su marido, donde se dedicó a la agricultura y la ganadería de subsistencia. El hecho de ser once personas en casa conlleva la necesidad de buscar ingresos procedentes de otras fuentes laborales. Usualmente se recurre a la artesanía, al igual que en los casos anteriores.
Una vez terminada la educación básica en Vietnam, se formó en diferentes disciplinas de manera autodidacta, incluyendo idiomas e historia, para dedicarse posteriormente al turismo.
Mujer 4: Tiene 46 años y pertenece a la comunidad Hmong negra. Vive en las montañas, donde trabaja como agricultora y elabora con sus propias manos la artesanía que después vende. Como muchas mujeres de su generación, se casó muy joven y pronto fue madre. Hoy tiene tres hijos, de 24, 22 y 20 años.
En su cuello lleva un collar que simboliza su matrimonio, de forma similar a lo que representa para nosotros una alianza. Observa, sin embargo, un cambio entre generaciones. Sus hijos han tenido acceso a una mayor educación y, según explica, sus vidas ya no están marcadas por las mismas costumbres y expectativas que condicionaron la suya.













