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El pueblo de Sivar acoge a los expedicionarios

Laura Serrat

El color canela que tiñe el paisaje del centro de Irán va adquiriendo tonos verdes a medida que se avanza hacia al norte. Sivar es un pueblo rodeado de montañas que encontramos de camino a Isfahán. Los vecinos viven lejos del ruido y la prisa. La llegada de los cincuenta expedicionarios sorprende a la gente local, poco acostumbrada al turismo; sin embargo, nos reciben con los brazos abiertos. Los tahinos pisan las calles de Sivar en la semana en que los chiitas recuerdan el martirio del Imán Husayn Iba Ali. En seguida, los habitantes invitan a los viajeros a participar en la festividad religiosa y a entrar en sus hogares a tomar el te. 

Al bajar del autobús, los expedicionarios recorren Sivar. Es un día especial dentro del calendario chiita y todo el mundo está en la calle. Llegamos a una plaza llena de gente observando una representación. Unos actores vestidos con túnicas verdes y rojas representan el asesinato del Imán Husayn Ibn Ali, al que consideran sucesor legítimo del profeta Mahoma, del que era nieto. Los chiitas recuerdan el martirio del Imán y su familia con una tristeza que se manifiesta en los rostros del público. Una mujer calma su llanto con su pañuelo, dos niñas se consuelan entre ellas y a un hombre se le cae una lágrima por la mejilla. Los vecinos asisten al espectáculo sentados al suelo o a los tejados de las casas. Observan con atención la actuación que dura tres horas mientras saborean te negro o limonada refrescante. 

Sivar es una población rural donde la religión es un elemento importante en cada una de las casas. Una buena parte de los vecinos se ganan la vida trabajando al campo, aunque, la mitad de los niños y niñas deja su pueblo cuando empiezan a estudiar en la universidad. Es una tierra rica en miel y manzanas que en invierno se cubre de blanco y en verano el sol calienta las casas. Los expedicionarios visitamos el pueblo en el período más caluroso, pero para comer encontramos un rincón dentro del bosque donde corre el aire. Los vecinos nos han preparado la comida que saboreamos sentados en una alfombra roja. 

Una vez recogidos los platos y cubiertos, nos dirigimos a las casas de tres familias que nos esperan para conocernos. En una de las casas, nos reciben el alcalde de Sivar, su mujer y otro matrimonio amigo de la pareja. Una de las mujeres se ha puesto un vestido de tonos marrones y dorados que combina con sus ojos castaños. Ella estudió teología pero se trasladó a vivir a Sivar por su marido y hecha de menos la vida a la ciudad. Explican que la vida en el pueblo es tranquila y remarcan que la mejor época para visitarlo es en primavera.