Noticias 2010, Chile

Explosión de sentidos

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Un techo improvisado de lonas y telas anaranjadas ofrece sombra a los pocos metros de mercado de fruta, verdura, pescado y marisco de la ciudad de Valdivia. Colores, sabores, sonidos, sentidos. Cámaras, turistas y, sobre todo, marisco. Muchos rostros y todos distintos entre ellos. Rojo, naranja y amarillo. Cada fruta de un color y cada pescado de un tamaño. El mercado fluvial valdiviana es una explosión de sentidos, una mezcla abrumadora de autóctonos y turistas, de sonidos y de miradas.

Al lado del río, se ven paradas con pescado y marisco capturados en la costa valdiviana. Al otro lado, tenderetes de frutas y verduras donde se puede encontrar ají, una especie de pimientos muy picantes; cerezas y hasta maiki, un fruto muy pequeño y morado con propiedades curativas originario de China.

Detrás de las paradas se esconden ojos rasgados que preguntan amablemente qué desean los clientes, otros gritan a coro su oferta del día. Entre olor a marisco y tarrinas de pescado con cebolla y limón, el visitante puede sentirse realmente en el epicentro de un gran acontecimiento que para los valdivianos no es más que su quéhacer diario.

 

A diferencia de los grandes mercados, aquí los tenderos ofrecen a sus clientes la posibilidad de probar las frutas que desean adquirir. Fresillas blancas, piñas, cerezas y peras. Al lado, calabazas, lechugas rizadas y cilantro. La gran variedad de frutas dispuesta a lo largo de las paradas se ordena meticulosamente en cajas de madera y los vendedores se mueven serviciales dispuestos a ayudar.

 

Rodeados de tenderetes y a ritmo de pura subasta de mercado, están los trabajadores que no se ven pero que están, aquellos que cada día limpian el pescado y que se sitúan en la trastienda del mercado. Los lomos se venderán en las paradas de enfrente, mientras que las cabezas y las espinas se las comerán los lobos marinos y las gaviotas que esperan deseosas el manjar al lado de los trabajadores.

 

Según Pedro, ocasional limpiador de pescado, son muchos los turistas que transitan por el lugar. Éstos, sin embargo, acostumbran fijar su mirada únicamente en los vendedores, relegando a segundo plano a los limpiadores. Las manos destrozadas por los cortes y las tripas del pescado muerto no suelen ser los protagonistas. Eso sí, para algunos la forma meticulosa con la que limpian el pescado y su silenciosa mirada dicen mucho más que los colores con los que se visten las paradas de verduras y frutas.

A continuación se presentan algunos sonidos del mercado.

 

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