Diario de Ruta 2015, Uzbekistán

Encuentros y desencuentros con la cocina uzbeca

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Los tahínos comemos, porque sí, también comemos, y mucho. Tenemos la sensación, en nuestro segundo día de expedición, de que lo que más estamos haciendo es comer. Comer, comer y comer.

 

Este mediodía hemos tenido la oportunidad de tener ya un primer contacto con la comida típica uzbeca. Teniendo en cuenta que ya nos habían advertido que en este país se come muy bien, las opiniones han sido de lo más diversas.

Los entrantes que nos han servido, con abundancia de verduras, ensaladas y predominio de alimentos como el tomate fresco y el pepino, han resultado entre llevaderos y aburridos para los tahínos.

“Muy frescos y especiados”, así los ha definido Judit, fiel amante de este tipo de alimentos para empezar una buena comida. “Aunque tal vez ha resultado excesivo, sobretodo en la cena, teniendo en cuenta la cantidad de comida que había detrás”.

Para Arnau algunos han resultado demasiado ácidos, sobretodo la salsa de yogur del mediodía, típica y conocida por nosotros como “la salsa de yogur del kebab”, llamada tzatziki y elaborada con yogur y pepino.

Pero lo cierto es que, para muchos, la presencia de verduras en los entrantes ha resultado “repetitiva”, o así lo define Albert, muy satisfecho con la idea de que siempre –o casi siempre– se sirva la sopa como primer plato, puesto que es uno de sus platos preferidos.

Nuestro mismo guía, Ahror, nos ha explicado que la sopa es un plato muy cotidiano en Uzbekistán. Sopas que llevaban desde arroz, hasta carne de ternera y verduras. Este plato ha sido también fetiche durante el día de hoy, servido en el almuerzo y también en la cena. 

¿Es cierto eso de que los tomates son más buenos aquí que en España? Nuestra compañera de expedición, Èrica, así lo ha resaltado durante la cena: “¡Las verduras tienen más sabor aquí!”

La diferencia la han marcado las brochetas de ternera y cordero braseadas, beshpanja en uzbeco, que hemos probado durante el almuerzo, en comparación con la “masa con carne” que nos han servido a la hora de la cena. La mayoría de nosotros no hemos sido capaces de acabarnos la ración de cinco piezas por persona, pero por los comentarios de los expedicionarios, muchos los aprobaban con creces.

Sara asegura que le ha gustado más ese segundo plato que el de la hora del almuerzo, mientras que Albert también afirmaba con contundencia: “Lo que más me ha gustado del día son han sido los buñuelos rellenos de carne”.

Respecto al pan, los tahinos hemos podido percatarnos de que éste es uno de los puntos fuertes del país. Una masa con forma redonda, y tierna. Es, como explica Santiago, monitor de la expedición, “un reflejo de la riqueza de la gastronomía uzbeca y también parte de sus tradiciones que cada mañana se convierte en el sustento de muchas familias y recupera una tradición milenaria”.

Los postres, siempre dulces. Una especie de bizcocho con nata y banana en el centro después de la comida, y helado de chocolate y vainilla (de lo más sencillo) para poner el punto y final a nuestra cena. Según nuestro guía, los uzbecos toman mucha fruta, pero sobretodo y siempre en los meses más calurosos.

Ahror ha hablado con nosotros acerca del plov, plato típico de Uzbekistan que en pocos días tendremos el placer de aprender a elaborar y que se prepara con patata, arroz, zanahorias y cebolla, entre otros ingredientes.

Nuestro guía nos ha asegurado que los uzbecos no suelen beber mucho alcohol, pero que siempre se decantan más por el vino. Nosotros hemos tenido el placer de acompañar nuestra cena con unas súper jarras de cerveza con las que hemos brindado por haber sobrevivido a este primer día en Tashkent, y por la ilusión con la que emprendemos este viaje, a pesar del cansancio y de los repetitivos entrantes. Seguiremos informando, y comiendo.

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