Diario de Ruta 2009, Ecuador

Anecdotario

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A lo largo de los diez días que los expedicionarios han vivido en Ecuador, ha habido tiempo de conferencias, reflexiones, historias, encuentros y viajes. Pero entre medias de todo eso, la risas han ocupado un gran porcentaje del tiempo de los tahinos. Provocadas por diversos asuntos, a continuación describimos algunas de las anécdotas más comentadas por los viajeros.

Día 10. Ximo Albors. Valenciano. Estudiante de Ciencias Políticas.

-Hasta ese día, su fin en la vida era ser trapecista, pero una mala experiencia con una bicicleta en Ecuador cambió sus proyectos de futuro.-

Bajaba en bici una cuesta empedrada que recorría uno de los valles cerca de Quito, cuando, en un intento por mostrar sus dotes artísticas, decidió poner los dos pies en el cuadro del vehículo… Todo iba bien y sus compañeros alababan sus agilidad hasta que decidió arriesgar más y soltó del manillar una de las manos: Plof!, Ahhhh! y Ja, Ja, Ja! fueron las onomatopeyas que se escucharon entonces:

Plof!: Ximo se había caído de la bici quedando en una posición fetal con el pie encasquillado dentro de la rueda.

Ahhh!: fue la expresión que Mireia gritó al observar, justo delante de ella, tal esperpéntica caída.

Ja, Ja, Ja!: es lo único que las cuerdas vocales de Pablo pudieron pronunciar al observar al malherido tirado en el suelo.

 

Día  14. Esther González. Extremeña. Estudiante de Comunicación Audiovisual.

.- Hasta ese momento, su futuro profesional pasaba por convertirse en una fotógrafa reconocida, trabajo con el que compraría un gran yate para navegar por diversas rutas fluviales. Sin embargo, un accidente en el río Napo haría que se replanteara su vida.

Navegaba en canoa por el río amazónico con el resto de expedicionarios cuando, debido a la marea baja, su embarcación quedó atascada en medio del Napo. Como buena aventurera fue una de las primeras en bajar para ayudar a empujar. Pero fue la última en volver a subir. Tanto empujó, tanto empujó que al final tropezó y "de morros" al agua cayó. Las risas del inicio pronto pasaron a la melancolía, puesto que la artífice de la caída llevaba colgada al cuello su cámara de fotos que había comprado quince días antes y por la que pagó 200 euros.

Tres días después del accidente, se escuchó a Esther reflexionar: "Recáspitas, qué mala suerte tuve. Ahora sólo espero que al volver me descambien la cámara en el comercio en el que la compré…porque me caí sin querer…".

Día 15. Pere Oriol Costa. Catalán. Catedrático de Periodismo de la UAB.

.- Pese a su formación como comunicador, hasta ese día todavía mantenía su ilusión de joven que era convertirse en torero y ser sacado a hombros en alguna de las más importantes plazas de toros del país. A partir de ese día, la tauromaquia desapareció de sus pensamientos.

Cruzaba un puente de madera en medio de la selva después de visitar la catarata conocida como "El manto de la novia". En uno de los extremos, un buey marrón que allí estaba atado se soltó y comenzó a correr hacia el interior del puente. Pere Oriol, que se encontraba en medio de la infraestructura, vio venir hacia él al animal enfurecido, por lo que pronto una estrategia ideó: tirarse al suelo y mantenerse agazapado contra la valla con la esperanza de que el morlaco pasara por su lado lo más rápido posible, y poder salir así indemne de tal taquicárdíca situación.

Al final todo quedó en un susto y Pere Oriol consiguió cruzar sano y salvo. Al llegar, sus primeras palabras fueron: "Si digo que no he pasado miedo estaría mintiendo".

Día 16. Oti Rodríguez. Albaceteña. Estudiante de Periodismo.

.- Entre sus proyectos de futuro se encontraba el actuar de doble en la secuela de la película Tarzán. Su papel era el de Jane. Sin embargo, una caída con una liana mientras ensayaba le impide proseguir con el proyecto.-

Estando en plena selva ecuatoriana donde las mariposas vuelan, las serpientes atacan y los jaguars rugen, Oti se encaramó a una liana que colgaba de uno de los árboles más grandes del lugar. Como si de la "mona Chita" se tratara, alzó los pies y se dejó llevar por la fuerza de la gravedad… su trayecto no fue muy largo. Cuando llevaba dos metros de vuelo, la liana cedió y Oti al suelo cayó.   El accidente fue leve, aunque ella debió pensar que el final de sus días estaba cerca puesto que, arrodillada en el suelo, levantó los brazos rogando al cielo, gritó un ¡ay, ay, ay! y comenzó a rodar por encima de plantas y troncos secos.  En esos momentos nadie pudo dar una explicación a esa reacción.

Cuatro días después de aquello,  la protagonista del accidente selvático todavía es reconocible. Se identifica por sus características piernas y brazos que mezclan el color blanco de su piel natural, con cuantiosos moratones. Cuatro días después de aquello, ni si quiera ella misma es capaz de ofrecer una explicación a su reacción: "No sé qué hice. No sabía qué había pasado. Pensé que era el fin."

 

Estas son algunas de las anécdotas que los expedicionarios han vivido en su viaje a Ecuador. Quedan muchas otras que tal vez algún día nos atrevamos a contar… hasta entonces nos despediremos con las palabras favoritas de la expedicionaria Ceci: ¡Fue todo tan hermoso!  ¡Tan divinooooooo!

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